martes, 13 de diciembre de 2016

La Araña (el Crimen).

 Encontrándome en mi hogar como de costumbre en mi período vacacional, divagando en la tarde calurosa entre cuestiones sobre la nada y otras tan "practicas" como facultad, veo, sobre la no tan blanca pared, descendiendo en diagonal, petulante, poderosa y algo siniestra, con una majestuosidad digna de grandes reinas de imperios lejanos, una gran -pero delgada- araña, no de esas especies voluminosas y negras, sino mas bien delicada, grisácea con hermosos patrones sobre ella, con largas patas hermosamente coordinadas, un complejo sistema biológico noble y cruel.

 Naturalmente no siento ningún tipo de temor por estos maravillosos seres a pesar de lo ocurrido en mi temprana niñez: una picadura de araña me produjo primero un puntiagudo grano a la altura de la rodilla que arranqué voluntariamente -con gran alegría- y que se transformó en una úlcera cuya infección avanzaba cada día hacia arriba entumeciendo la pierna. Tras unas cuantas consultas, una conocida pediatra de la ciudad logra dar con el diagnostico a tiempo -a veinticuatro horas que la infección llegase al corazón- y fui salvado de la maravillosa naturaleza por los también maravillosos antibióticos. Lo cierto es que mi endeble sistema propenso a toda clases de alergias fue mas culpable de lo sucedido que el artrópodo en si. Este y otros sucesos hicieron en realidad que perdiese miedo de aquellas criaturas; pensaba, estuve al borde y sobreviví, quien necesita mas pruebas de su suerte. Así que desde niño siempre que podía salvaba aquel u otro ser del peligro con vasos de plástico y todo tipo de artilugios para trasladarlos a sus hábitats naturales donde morirían honradamente y no por manos humanas.

 Siempre entendí el tan valioso lugar de las arañas en el intrincado ecosistema: para mi, son seres tan respetables tanto por sus instintivas habilidades geométricas, sobre Física y diseño como por el talento para eliminar los insectos mas repugnantes: moscas y mosquitos. Pero esta vez fue diferente. Vi a mi madre y flaqueó mi voluntad: temí dejar aquel ser vivo en mi hogar. También flaqueó mi voluntad para intentar trasladarla: estaba deprimido y cuando uno empieza a volverse adulto pierde ese valor por defender los mas preciados valores morales que trae, los de la niñez, todo por esa maldita forma de ver al mundo con una ridícula seriedad práctica propia de la mediocridad social. No quería pecar de ingenuo frente a la nada. Asesiné a esta araña en ese instante entonces, de un fuerte golpe con un calzado, posteriormente quedando unos segundos reflexionando tristemente sobre mi proceder. Después volví a lo mío, pensaba en estrategias para enfrentar tácticamente varias asignaturas de mi carrera ya que no me esta yendo como deseo y esto me produce grandes dolores de cabeza.

 Transcurrió la tarde y llegó la noche. La maravillosa noche. Me acosté bajo una gran tormenta y el insomnio -siempre presente- apareció. Comencé a charlar conmigo mismo sobre lo ocurrido, sabía que este suceso no podía quedar así, que yo no soy así. Y con efusiva energía nació este texto, las palabras aparecían en ese hermoso período de entresueño y le di la orden a mi sistema que me levantase y lo hiciese, sufriendo de arrepentimiento por el hecho pero satisfecho por seguir reconociéndome con el que en realidad soy y seré siempre.

martes, 2 de agosto de 2016

La función social del ignorante.

Ante cuestiones tan subjetivas como el grado de ignorancia de un ser humano cualquiera, se deben advertir varios elementos. La ignorancia en primer término, en nada se relacionan con la inteligencia o la capacidad mas o menos superior de raciocinio o resolución de problemas de índole reflexivos, y la duración temporal que conllevan; capacidad innata esta de cada ser humano determinada por su estructura biológica, la genética y el grado de desarrollo cerebral en vida influenciado, por ejemplo, por la correcta alimentación o daños en el organismo. En segundo término, el volumen de información que ingresa dependerá de los sentidos, de la estimulación de estos y en definitiva, por las diversas situaciones vitales encadenadas en el tiempo y limitadas por razones obvias.

El conocimiento sirve de apoyo al raciocinio en la resolución de un problema, toma de decisión o cualquier tarea intelectual. Es ahí donde entra en juego la ignorancia como elemento de dominio de poblaciones. Es una ecuación simple, menos conocimiento, menos recursos para el raciocinio, mas sometimiento al poder. Pero acaso entonces, ¿por qué existe el poder si sabemos esto?, ¿por qué existe si sabemos este carácter cruel de los estados o cualquier entidad político-territorial generadora de masas ignorantes?

Las civilizaciones necesitan estratos, es un hecho. Jerarquización humana con especialización en tareas determinadas y sometimiento de dichos estratos a un poder que en parte no podemos entender en su procedencia, infundada en su totalidad, solo fundamentada parcialmente. Puede ser algún dios, tal vez algún hijo de un dios quien detente el poder a lo largo de la Historia, etc. Esto explica desde la religión como marco estatal hasta la compleja e intrincada estructura política de los estados presentes: masas ignorantes. Ignorar la compleja relación de poderes, reglas comerciales y empresariales y parámetros indescifrables para el vulgo genera en realidad seguridad y fe, ciega seguridad y fe; es tan complejo que debe funcionar bien, así debe ser. En esto se apoya el poder, embrutecer al grueso de la población para autojustificarse en una posición de la que nadie externo a ese poder se siente responsable ni se identifique individualmente pero que en sí, aprueban como algo vital.

lunes, 9 de febrero de 2015

El sacrificio en la religión

Todas las religiones y estructuras morales y mitológicas de los pueblos antiguos, tanto politeístas como monoteístas y también las no deistas, exigen y exigian en sus cultos algún tipo de sacrificio-en el mayor sentido del término-como elemento fundamental incluso de su propia existencia. Parece difícil de comprender, pero este elemento debe observarse analíticamente en su absoluto para verificar su importancia fáctica en el pasado y el presente.

Cuando pensamos en un sacrificio ritual imaginamos rápidamente una población primitiva, tal vez africanos o indígenas de diversos lugares, matando animales u otros seres en un probable estado de trance. Pero el sentido de sacrificio es mucho mas global a todas las culturas y responde a cuestiones filosóficas y existenciales, como la religión que designa su existencia en si.

Toda cuestión o actividad en la vida del hombre-que integraba o integra una estructura religiosa y moral-que sea coartada, cercenada, delimitada o modificada sustancialmente no es otra cosa mas que un sacrificio, exactamente coincidente con, por ejemplo, el asesinato del mejor ganado que hacían los pueblos para agradar a su dios. En la gran mayoría de casos, estas actividades, pertenencias, actitudes (principalmente morales) eran de gran estima para el hombre, tenían un valor práctico y real muy importante. El hombre no sacrificaba cualquier vaca, sacrificaba la mejor en solemne ceremonia, y este animal era lo mas valioso que tenía él y su familia, le proveía de leche y carne y le daba estatus social, al igual que las ofrendas de cultivos.

Así como este ganado valioso para la existencia era entregado en su real sentido a la nada, desperdiciado por fe, era entregado también la propia vida: desde el matrimonio, lo sexual y en definitiva, todo lo moral, Esto tiene un sentido existencial: ¿por qué el hombre haría tal cosa, eliminar lo mejor que tiene, lo que le costó esfuerzo y tiempo, a una probable existencia divina que supuestamente se lo exigía? En la misma pregunta consta la respuesta: este acto era la mas grande justificación de su fe, ciega e incomprobable (cosa vital para la fe, cuya fuerza depende totalmente de su incomprobable realidad), que demostraba lo que el mismo hombre podía entregar para la salvación o el mantenimiento de la estabilidad: lo que mas apreciaba, incluso a otros humanos.

El sacrificio como elemento probador de genuina fe se hace harto evidente. Todo lo positivo, todo lo que le provea al hombre desmedido placer o abundancia material es indicado como característica a ser sacrificada. El extremismo de este desarrollo lineal de pensamiento es el ascetismo, combinado con otras características. El asceta lo entregaba todo, no por su valor, sino por lo opuesto: lo material no valía nada comparado a la ilimitable extensión del mundo interno. El alcance del estado supremo espiritual era el objetivo total y lo mas valioso, comparado con la banal satisfacción del imperfecto organismo biológico. El sacrificio no es aquí una consecuencia de la entrega de algo importante como prueba suprema, sino del despojo de lo superficial.

La mente humana creó un propio código de justificación de lo sublime, una forma de tejer el todo para encontrarle un sentido a la existencia, un sentido mas profundo que el simple fluir. El resultado es la civilización.


sábado, 26 de abril de 2014

En contra.

Este texto esta en contra de este texto. Este texto surgió por consideraciones sobre el hastío, ese mal siempre presente, y la gran paradoja es que tenga que recurrir con las mismas armas que detesta a exponer su repulsión.
El lenguaje es esa herramienta que permitió y permite que milenios de evolución intelectual pasaran de hombre a hombre, quien las administra y utiliza para continuar. Pero, ¿para qué? Tarde o temprano la humanidad perecerá y con ella todo lo transmisible. Desde la Filosofía, los conocimientos históricos, la técnica y la Física, incluido este texto —gracias a Dios— desaparecerá con el último soplo humano. Todo perecerá. Entonces volvemos a ese razonamiento circular del ¿para qué?
El lenguaje empieza a parecernos entonces como una larga agonía, agonía como estas frases artificiales. Esta agonía es la "agonía del practicismo". Lo práctico y cotidiano lo necesita, también como lo supuestamente imperecedero. Su necesidad se basa en el simple acto de continuar con la especie humana tal cual existe, con su artificialidad, es decir con su consciencia de si misma.
El lenguaje es solamente un aspecto más del sin sentido humano. Y por eso, no debe preocuparnos, solo debe asquearnos ante nuestra incapacidad.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Lo artificioso en el Arte

El proceso artístico lleva consigo una actitud, un elemento voluntarioso que da accionar a otro proceso, un proceso material de ejecución que transforma el impulso creativo del mundo mental en un elemento físico o representable que se hace entendible mediante un lenguaje decodificable a otras voluntades receptivas. Encontramos entonces varios elementos identificables en el proceso artístico: la idea que da lugar a la ejecución material que contiene un lenguaje entendible que es decodificado por una masa o individuo receptivo. El centro de la actividad vital del artista radica obviamente en el primer elemento, en el mundo de las ideas o voluntad. La idea-voluntad es comúnmente propiciada por la inspiración, ese instante en que razonamientos inconscientes y desconocidos por la parte consciente del cerebro producen una idea con material mental previo. Pero existe otro método y dicho método es el que produce arte artificial. Este método es el que podríamos denominar no con cierta precisión como “arte racional” o “arte de lo racional”, lo que en realidad es un pseudoarte. Lo observamos desde las partituras de Meyerbeer o las de Mendelssohn hasta las obras de Mies van der Rohe o Le Corbusier. Este es un pseudoarte pensado, no un arte inspirado. Es resultado de la directa intención de apariencia de Arte y no de la genuina búsqueda de la esencia sagrada de lo valorablemente comunicable. 

Pero, exactamente, ¿Qué buscaban estos pseudoartistas? Buscaban quebrar con lo existente, eliminar lo ilógicamente razonado —entendiendo que “ilógicamente” tiene en realidad una significación diferente, referida a lo “no comprendido por lo consciente o lógico”— por una racionalidad técnica y de supuesto gusto popular o beneficio en masa. Este quiebre supuesto viene dado por dos opciones que consisten básicamente en volver al pasado en búsqueda de lo supuestamente nuevo o destruir y borrar por completo lo anterior para generar una innovación total y sin precedentes. No por casualidad los extremismos se tocan en una misma idea base. ¿Qué más conservador que someterse por completo a lo técnico, a lo calculado matemáticamente con precisión excesiva? Justamente, este exacerbado utilitarismo racional o en el caso de la música, la perfección fría de un contrapunto totalmente estéril en la comunicación de lo más profundo en el hombre hacen de éste un arte artificial, con un lenguaje que siendo entendible no comunica nada y del que no se puede sacar de él más que la fría cáscara de una manzana devorada totalmente por gusanos.   

Una puerta se usa para abrir y para cerrar un espacio. Se abre para que seres humanos ingresen o egresen de dicho espacio. No parece una idea complicada. Pero el humano es un ser psicológico, no un mecanismo autómata que sale y entra de espacios. Una puerta es una puerta, y si fuésemos autómatas, serían todas iguales y exactas. Un ser psicológico es un ser que a todo le otorga un símbolo. Eso es el lenguaje, por ejemplo, con el que esta decodificado este texto. Una puerta también es un símbolo. Y como símbolo debería comunicar algo por pura necesidad psicológica del hombre que la utiliza. Cuando se racionaliza todo, se pierde lo simbólico, se pierde lo valioso, lo que el hombre necesita para su felicidad, entender y ser entendido. Quien hace y diseña una puerta lo más simple posible para evitar costes, mantenimiento y todo lo que sea cuantificable y utilitario hace una puerta para seres no pensantes, o sea, para autómatas. Quien hace una puerta con contenido simbólico no esta haciendo otra cosa más que Arte. 

miércoles, 19 de junio de 2013

La comprehensión de la arquitectura

Cada individuo posee una capacidad de comprehensión —determinada por los conocimientos adquiridos y por la capacidad subjetiva de captar el entorno— limitada en los diferentes períodos de la vida. Estas capacidades variables a lo largo del tiempo son decisivas a la hora de captar y entender la arquitectura y en definitiva, todas las artes.  A diferencia de las ciencias, las artes poseen un intrincado significado subjetivo. Esta subjetividad, por el contrario, no las debe hacer menos entendibles que la comprehensión del conocimiento lógico científico, por ejemplo, sino que, exigiendo el mismo e incluso menor esfuerzo mental, debe comprehenderse por otros procesos mentales.  Las ciencias son accesibles desde lo teórico, lo directo, lo consciente; las artes, son accesibles desde lo subjetivo, lo abstracto, lo inconsciente. Este proceso mental inconsciente no es notado por el individuo, es un razonamiento oculto e inaccesible. El individuo nota solo lo que llega a su consciencia y de esta forma llega, en definitiva, a comprehender el arte.

A través de una cadena de sucesos, el hombre accede a conocimientos de la misma forma que lo hace con los conocimientos lógicos, pero por diferentes caminos. La experiencia lógica1 se capta por los sentidos, e inmediatamente pasa a la consciencia donde se procesa, y puede expresarse a través del lenguaje, por ejemplo, oral.  Sin embargo, la comprehensión de la experiencia artística luego de ser captada por los sentidos, se dirige al inconsciente, a lo instintivo y oculto en la mente. Y luego de procesada, es entregada a lo consciente y realmente entendida por el ser humano, que puede expresarlo a través del lenguaje.

En la arquitectura, la comprehensión involucra varios sentidos, pues la captación subjetiva de los espacios lo exige. Pero también involucra conocimientos previos, como todas las artes. Esta necesidad de conocimientos previos es harto obvia, y no transforma a las artes en un proceso lógico o teórico, sino que, utilizando este conocimiento teórico previo por el inconsciente a modo de herramienta, puede generar la comprehensión del arte con el proceso mental que antes se describió.

Pero no todos poseemos los mismos niveles de conocimientos previos para captar y comprehender la arquitectura. Podemos entonces, diferenciar tres grupos: los que no poseen los conocimientos previos y juzgan a la arquitectura simplemente por el formalismo y aprecian que tal cosa es “bella” porque “le parece”; los que poseen de forma más o menos voluminosa estos conocimientos; y los arquitectos, o sea, los ejecutantes del proceso artístico en cuestión y que, obviamente, poseen también conocimientos previos. Estos tres grupos, en su totalidad, cubren al pueblo en su conjunto.

Ahora, y teniendo en cuenta estas diferencias, ¿la arquitectura del presente, hacia quien va dirigida? Desde hace un siglo, la arquitectura se transformó en discusiones de arquitectos. Solo el arquitecto tenía —y tiene—el derecho a apreciar, contradiciendo categóricamente la misión misma del arte. El artista no es más que un canalizador de la voluntad instintiva e inconsciente del pueblo. El pueblo en su totalidad, se comporta como una gran masa homogénea y sus actos los ordena el instinto, lo biológico, y no lo intelectual. Es precisamente el artista individualista, el elegido para transformar esos impulsos instintivos en creaciones artísticas para que el mismo pueblo pueda comprehender conscientemente su propia voluntad, puesta que esta es inconsciente e instintiva. El proceso de re-comprehensión es el que se describió, y la obra de arte es el recurso para provocar esta comprehensión.

La Arquitectura del Futuro deberá volver a su verdadera función, a su esencia original y a su cauce histórico. Deberá ser un arte que surja de esta voluntad inconsciente y colectiva, y se transforme en una obra comprehensible para todos. El mejor ejemplo de esto es la arquitectura clásica griega. El griego (el pueblo griego), entendía al templo —por sus conocimientos previos, los religiosos—con solo ser parte de la obra. Se dejaba llevar por los sutiles refinamientos ópticos que lo inducían a captar un mensaje, un conocimiento. Apreciaba a los órdenes e, inconscientemente, entendía que cada uno señalizaba algo, expresaban una rudeza o una delicadeza que los identificaba con lo masculino o lo femenino, con lo exterior o con lo interior. La arquitectura del futuro será la expresión material de la voluntad del pueblo, y el artista arquitecto, el encargado de canalizar esa instintiva voluntad inconsciente en materialidad.

Notas

1-Esta experiencia lógica involucra conocimiento aprehendido, la experiencia científica y todos sus procedimientos. 

domingo, 19 de mayo de 2013

Moda e ignorancia


La moda consiste en la utilización masiva en un determinado período de tiempo de una cantidad de productos emparentados por determinadas características particulares. Históricamente, la moda definía y a su vez era consecuencia de una determinada identidad cultural en un determinado período de tiempo. Por ejemplo, es imposible desligar a la sociedad del siglo XIX de su tan característica vestimenta, peinados, etc.

Pero todo esto ha cambiado. Lo que era consecuencia de una intencionada autodefinición cultural proclamada desde lo estético y aparente, se transformó en una causa. El consumismo capitalista del presente transforma y aprovecha  la necesidad de los pueblos de una búsqueda de renovación en la identidad para sus únicos fines interesados. Existen ideólogos de las grandes corporaciones que constantemente buscan en las tendencias un fin puramente pecuniario. Así, la moda como origen espontáneo y “puro” de una sociedad en constante renovación muta a una moda impuesta por otros sectores pequeños de la población, casualmente, sectores pudientes poseedores de los medios de producción. A través de la propaganda masiva y del constante bombardeo que esta produce en las masas, se imponen modas, no con el fin puro y esteta de la autodefinición cultural, sino con el único fin de extraer grandes ganancias que enriquecen a las minorías sectarias.

Las masas se inducen en un trance hipnótico de consumismo innecesario, porque entienden que el pertenecer a grupos sociales es vital para la supervivencia. Nadie quiere quedar fuera de un grupo, y esto se debe a puras cuestiones instintivas, resultado de la Evolución y la Selección Natural. El hombre evolucionó como un ser sociable y entendió que la cooperación en grupos numerosos mejoraba notablemente la eficiencia de actividades como la caza. Este gran cambio hizo que el hombre formara clanes sedentarios, luego ciudades, Estados y con ellos, civilizaciones. Las modas entonces, fueron una característica más —relacionado íntimamente con el Arte—durante siglos, de determinadas civilizaciones en períodos limitados de tiempo.

¿Qué debe hacer el hombre que busca salir de esta esclavitud? ¿Debería desarrollar una moda personal? ¿Debería evitar todas las modas? ¿Rechazar absolutamente todas las modas, no se transformaría también en una moda? El hombre moderno no debe rechazar, ni eliminar, ni abstraerse de la moda, porque simplemente no puede. Es inevitable desligarse del instinto. Pero puede reconocer a través del Espíritu Crítico el engranaje en el que está inserto. Una vez reconocido el problema de forma consciente, buscar regresar a la forma “pura” y original que dio inicio a lo que se conoce como moda.