jueves, 14 de marzo de 2013

Diario de un estudiante, primera y última página.


14 de Marzo de 2013

“Mi vida me parece demasiado intrascendente para escribir sobre ella. Pero me urge la necesidad. Hace tiempo que me quiero morir. Simplemente quiero morirme. No encuentro una razón fuerte para pensar lo contrario. Quiero terminar con todo. Pero no lo hago. La cobardía me salva la vida. Algo me dice que no puedo “terminar”, todavía el instinto es más fuerte, me ata a la realidad. Y tengo veinte años. No he vivido nada.  Todo me parece tan poco, tan insípido. Me asquea mi realidad. Estoy cansado de las sonrisas actuadas y de las conversaciones fingidas. Y no tengo a nadie. No tengo amigos, no puedo ni siquiera tener una novia. Soy intrascendente para los que alguna vez me rodearon. Y cuando estaba bien, cuando era un niño y todo el mundo me decía “pero que inteligente”, me alegraba en realidad por ser algo como un fenómeno de circo. Nunca tuve una verdadera amistad.  Es difícil la vida cuando la soledad se hace tu mejor amiga. Así que después de todo esto viene la vergüenza, porque uno se siente un discapacitado. Yo hablo con cualquiera, tengo excelentes aptitudes para eso, pero el problema es otro. Yo no quiero escuchar lo que dicen los demás. No puedo mantener aunque sea una amistad duradera porque no me interesa; no por voluntad propia, sino por falta de la misma. Estoy en un momento en el que ni siquiera tengo ganas de mejorar. Mi voluntad esta anulada, y la sostienen a veces ilusos ideales, que como ideales, son imposibles. Hace seis años que la comida para mí, no tiene gusto. No tengo apetito, pero como por obligación. A veces alguno de mis perros me pone la cabeza en la rodilla, y me mira, intuyendo que su amigo no está bien. Es la única muestra de compasión que recibo. Así que el animal siente lástima del humano. Eso, me salva.”

Al final, el joven estudiante firmó con una pequeña gota de sangre.