lunes, 9 de febrero de 2015

El sacrificio en la religión

Todas las religiones y estructuras morales y mitológicas de los pueblos antiguos, tanto politeístas como monoteístas y también las no deistas, exigen y exigian en sus cultos algún tipo de sacrificio-en el mayor sentido del término-como elemento fundamental incluso de su propia existencia. Parece difícil de comprender, pero este elemento debe observarse analíticamente en su absoluto para verificar su importancia fáctica en el pasado y el presente.

Cuando pensamos en un sacrificio ritual imaginamos rápidamente una población primitiva, tal vez africanos o indígenas de diversos lugares, matando animales u otros seres en un probable estado de trance. Pero el sentido de sacrificio es mucho mas global a todas las culturas y responde a cuestiones filosóficas y existenciales, como la religión que designa su existencia en si.

Toda cuestión o actividad en la vida del hombre-que integraba o integra una estructura religiosa y moral-que sea coartada, cercenada, delimitada o modificada sustancialmente no es otra cosa mas que un sacrificio, exactamente coincidente con, por ejemplo, el asesinato del mejor ganado que hacían los pueblos para agradar a su dios. En la gran mayoría de casos, estas actividades, pertenencias, actitudes (principalmente morales) eran de gran estima para el hombre, tenían un valor práctico y real muy importante. El hombre no sacrificaba cualquier vaca, sacrificaba la mejor en solemne ceremonia, y este animal era lo mas valioso que tenía él y su familia, le proveía de leche y carne y le daba estatus social, al igual que las ofrendas de cultivos.

Así como este ganado valioso para la existencia era entregado en su real sentido a la nada, desperdiciado por fe, era entregado también la propia vida: desde el matrimonio, lo sexual y en definitiva, todo lo moral, Esto tiene un sentido existencial: ¿por qué el hombre haría tal cosa, eliminar lo mejor que tiene, lo que le costó esfuerzo y tiempo, a una probable existencia divina que supuestamente se lo exigía? En la misma pregunta consta la respuesta: este acto era la mas grande justificación de su fe, ciega e incomprobable (cosa vital para la fe, cuya fuerza depende totalmente de su incomprobable realidad), que demostraba lo que el mismo hombre podía entregar para la salvación o el mantenimiento de la estabilidad: lo que mas apreciaba, incluso a otros humanos.

El sacrificio como elemento probador de genuina fe se hace harto evidente. Todo lo positivo, todo lo que le provea al hombre desmedido placer o abundancia material es indicado como característica a ser sacrificada. El extremismo de este desarrollo lineal de pensamiento es el ascetismo, combinado con otras características. El asceta lo entregaba todo, no por su valor, sino por lo opuesto: lo material no valía nada comparado a la ilimitable extensión del mundo interno. El alcance del estado supremo espiritual era el objetivo total y lo mas valioso, comparado con la banal satisfacción del imperfecto organismo biológico. El sacrificio no es aquí una consecuencia de la entrega de algo importante como prueba suprema, sino del despojo de lo superficial.

La mente humana creó un propio código de justificación de lo sublime, una forma de tejer el todo para encontrarle un sentido a la existencia, un sentido mas profundo que el simple fluir. El resultado es la civilización.


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