En la actualidad, la mayoría del
mundo contemporáneo está regido por democracias. La democracia se ha
establecido firmemente como la forma correcta y más aceptable de gobierno;
representa en teoría de la mejor forma, los ideales de justicia, equidad y
representatividad total de la población.
A través de la Revolución
Francesa y posteriormente impulsada por las Revoluciones europeas de 1848, la
democracia fue elegida por el pueblo como el verdadero gobierno a establecerse,
descartando a las ya inefectivas monarquías. El fin de las monarquías y de la
nobleza, dio lugar al ascenso de la burguesía y junto con ella, de los nuevos
ideales democráticos.
Hoy en día se está muy lejos de
lo que la democracia representa o de lo que sus defensores deseaban establecer.
El Capitalismo Mundial ha generado más brecha entre las clases sociales de las
que alguna vez hubo en el Mundo. De forma que los que hoy tienen posibilidades
de acceder al poder, no son todos los ciudadanos de una Nación—cosa que
establecen las Constituciones—, sino solo una minoría, minoría que tiene que
poseer un enorme poder económico —o una relación directa con los que lo tienen—
necesario (este poder) para financiar las campañas electorales. Los candidatos
y los Partidos Políticos establecen relaciones de mutuo beneficio con las
grandes empresas monopólicas de cualquier índole. Estas grandes empresas
—algunas transnacionales— se comprometen a financiar las campañas y a apoyar a
los candidatos, a cambio del apoyo de dicho candidato una vez se establezca en
el poder durante su período de gobierno. Se deduce fácilmente que quienes
DECIDEN por nosotros son unas cuantas empresas y por consiguiente, unos pocos y
ricos empresarios, que financian los Partidos Políticos, los candidatos y las
campañas electorales, dejando al ciudadano FUERA de toda forma real de
representación. El ciudadano solo elije en las elecciones, pero ¿qué elije? Lo
que elije no es más que varias facetas de una misma cara: las facetas son los
Partidos Políticos y el común denominador son los intereses unánimes y
autoritarios de las empresas financiantes. El poder de estas empresas es
enorme, ya que si los Partidos Políticos financiados se niegan a cumplir con
los oscuros requisitos pactados, dejarán de ser financiados, comprometiendo
seriamente la continuidad de dicho partido y el triunfo en futuras elecciones,
además de poner en jaque la estabilidad nacional mientras ese partido esté en
el poder.
Con respecto a las exigencias de
estas empresas a cambio de su apoyo, se encuentran desde flexibilidades
impositivas, facilidades en la expansión económica sin límites, generando más
grandes monopolios, hasta la utilización de fondos estatales—ni más ni menos
que el dinero del pueblo—para los fines que estas empresas se propongan.
La corrupción en la Política.
Podemos decir que la actualidad
está plagada de políticos corruptos. Es una constante en estas épocas de crisis
e inflación, desempleo y pobreza. Hoy en día estamos en el cenit de la
corrupción como muy pocas veces en la Historia de los Estados se ha visto. Como
ejemplos históricos, podríamos recordar los gobiernos como el del Emperador
Heliogábalo, quien derrochó más recursos económicos y se dedicó tan poco al
acto de gobernar como nunca antes se había visto en el Imperio Romano.
Organizaba orgías y bacanales periódicamente, en un desenfreno imparable de
derroche y perversión, siendo esta casi su prioridad mayor mientras duró su
gobierno, descuidando seriamente los asuntos del Estado, como el peligro de
levantamientos armados en Palestina o el control de los pujantes Pueblos
Germánicos en el Limes, o frontera del Imperio. Naturalmente que Heliogábalo no
podía terminar bien: sumergido en un mundo irreal fue víctima de la
disconformidad reinante que generaba y fue decapitado por su propia Guardia
Pretoriana en una oscura trama familiar, quienes planearon el asesinato. Más
cerca en el tiempo, el derroche de los fondos públicos hasta dejarlos vacíos
del “Rey Sol”, Luis XIV, fue asombroso. El lujo desbordante y excesivo producía
gastos desorbitantes mientras el pueblo francés moría de hambre. Sin dudas, el
“Rey Sol” fue un ícono de la mediocridad y de la ridiculez sin fin.
Hoy no están ausentes casos
similares, e incluso están en aumento. Renombrado es el caso del pederasta Ex
Premier italiano Silvio Berlusconi. Un hombre con mucho poder, dueño de varios
medios de comunicación monopólicos, que incurre en las más tontas formas de
corrupción, que hacen recordar al mismo Heliogábalo. Prostitución de menores,
orgías y gastos ridículos son algunos de los detalles dados por la prensa
mundial. Sin ir más lejos, nuestro vecino país, Argentina, nos propone un menú
numerosísimo de nombres ligados a la corrupción y a gobiernos ineficientes,
llenos de deudas y crisis.
Es de notar que todos estos casos
tienen una cosa en común: la convicción personal de todos estos personajes del
único y primordial deseo de la Autosatisfacción, esto es, el principio de
interés personal por sobre el de los demás. Su nihilismo y la ausencia de una
verdadera convicción ideológica los hace verse a sí mismos como seres a los que
se les ha presentado una oportunidad que no pueden desaprovechar. No se ven
como héroes o posibles héroes, sino como oportunistas y no tienen el más mínimo
interés en enaltecer sus nombres e incluso en, aunque sea, beneficiar en algo:
solo se ven reflejados a ellos mismos en el espejo de la avaricia y la
depravación.
Pueblo
Ignorante
Solo el conocimiento hace
razonable una elección. Esta debería ser la máxima que debería ordenar la vida
política de la ciudadanía. Nuestras capacidades cognitivas e intelectuales y
nuestro conocimiento sobre los proyectos, ideas, conceptos y planes de los
candidatos representan la verdadera Libertad. Nos permiten razonar, visualizar
con ojo crítico el panorama, intuir intenciones y desenmascarar errores, en
definitiva, proceder bien. Estas “condiciones previas”, estas aptitudes,
dependen directamente de dos factores: la capacidad innata de cada ciudadano y
de la Educación, y segundo, de la posibilidad del ciudadano de acceder a la
información que provean los Partidos Políticos, en caso de que lo hagan.
Pero la gran mayoría del Pueblo
parece no entender nada de política. No tienen ni siquiera un conocimiento
mediano sobre los planes de Gobierno y se dejan guiar en el acto del voto por
tradición, es decir, por la apariencia: por consejo de otro o simplemente por
la “protesta”, es decir, como un castigo al anterior gobernante, en caso de que
su Gobierno haya sido ineficiente, o viceversa, premiando el aparente buen
desempeño del anterior votando al mismo Partido. Y todas estas decisiones tan
importantes para el futuro se toman de forma casi frívola, desinteresada y en
una marcada ignorancia sobre Contenido, sobre el Pensar y sobre el Actuar
futuro de todos los Partidos. Esta es la causa por la que la Propaganda Política
es tan básica, vacía de contenidos, de una simpleza casi absurda, y también,
por la que los lemas son tan ridículos.
El problema sobre la ineficiencia
en Política no radica entonces solo en el político corrupto y poco capaz, sino
que también radica en la capacidad de la sociedad para discernir—a través del
conocimiento y el razonamiento—que es lo mejor para su futuro. La Virtud
consiste en el cultivo del Espíritu Crítico y de la Voluntad avasallante en
búsqueda del conocimiento para adquirir una real Libertad.
