Cada individuo posee una capacidad de comprehensión
—determinada por los conocimientos adquiridos y por la capacidad subjetiva de
captar el entorno— limitada en los diferentes períodos de la vida. Estas
capacidades variables a lo largo del tiempo son decisivas a la hora de captar y
entender la arquitectura y en definitiva, todas las artes. A diferencia de las ciencias, las artes
poseen un intrincado significado subjetivo. Esta subjetividad, por el
contrario, no las debe hacer menos entendibles que la comprehensión del
conocimiento lógico científico, por ejemplo, sino que, exigiendo el mismo e
incluso menor esfuerzo mental, debe comprehenderse por otros procesos mentales.
Las ciencias son accesibles desde lo
teórico, lo directo, lo consciente; las artes, son accesibles desde lo
subjetivo, lo abstracto, lo inconsciente. Este proceso mental inconsciente no
es notado por el individuo, es un razonamiento oculto e inaccesible. El
individuo nota solo lo que llega a su consciencia y de esta forma llega, en
definitiva, a comprehender el arte.
A través de una cadena de sucesos, el hombre accede a
conocimientos de la misma forma que lo hace con los conocimientos lógicos, pero
por diferentes caminos. La experiencia lógica1 se capta por los
sentidos, e inmediatamente pasa a la consciencia donde se procesa, y puede
expresarse a través del lenguaje, por ejemplo, oral. Sin embargo, la comprehensión de la
experiencia artística luego de ser captada por los sentidos, se dirige al
inconsciente, a lo instintivo y oculto en la mente. Y luego de procesada, es
entregada a lo consciente y realmente entendida por el ser humano, que puede
expresarlo a través del lenguaje.
En la arquitectura, la comprehensión involucra varios
sentidos, pues la captación subjetiva de los espacios lo exige. Pero también
involucra conocimientos previos, como todas las artes. Esta necesidad de
conocimientos previos es harto obvia, y no transforma a las artes en un proceso
lógico o teórico, sino que, utilizando este conocimiento teórico previo por el
inconsciente a modo de herramienta, puede generar la comprehensión del arte con
el proceso mental que antes se describió.
Pero no todos poseemos los mismos niveles de conocimientos
previos para captar y comprehender la arquitectura. Podemos entonces,
diferenciar tres grupos: los que no poseen los conocimientos previos y juzgan a
la arquitectura simplemente por el formalismo y aprecian que tal cosa es “bella”
porque “le parece”; los que poseen de forma más o menos voluminosa estos
conocimientos; y los arquitectos, o sea, los ejecutantes del proceso artístico
en cuestión y que, obviamente, poseen también conocimientos previos. Estos tres
grupos, en su totalidad, cubren al pueblo en su conjunto.
Ahora, y teniendo en cuenta estas diferencias, ¿la
arquitectura del presente, hacia quien va dirigida? Desde hace un siglo, la
arquitectura se transformó en discusiones de arquitectos. Solo el arquitecto
tenía —y tiene—el derecho a apreciar, contradiciendo categóricamente la misión
misma del arte. El artista no es más que un canalizador de la voluntad
instintiva e inconsciente del pueblo. El pueblo en su totalidad, se comporta
como una gran masa homogénea y sus actos los ordena el instinto, lo biológico,
y no lo intelectual. Es precisamente el artista individualista, el elegido para
transformar esos impulsos instintivos en creaciones artísticas para que el
mismo pueblo pueda comprehender conscientemente su propia voluntad, puesta que
esta es inconsciente e instintiva. El proceso de re-comprehensión es el que se describió,
y la obra de arte es el recurso para provocar esta comprehensión.
La Arquitectura del Futuro deberá volver a su verdadera
función, a su esencia original y a su cauce histórico. Deberá ser un arte que
surja de esta voluntad inconsciente y colectiva, y se transforme en una obra
comprehensible para todos. El mejor ejemplo de esto es la arquitectura clásica
griega. El griego (el pueblo griego), entendía al templo —por sus conocimientos
previos, los religiosos—con solo ser parte de la obra. Se dejaba llevar por los
sutiles refinamientos ópticos que lo inducían a captar un mensaje, un conocimiento.
Apreciaba a los órdenes e, inconscientemente, entendía que cada uno señalizaba
algo, expresaban una rudeza o una delicadeza que los identificaba con lo
masculino o lo femenino, con lo exterior o con lo interior. La arquitectura del
futuro será la expresión material de la voluntad del pueblo, y el artista
arquitecto, el encargado de canalizar esa instintiva voluntad inconsciente en
materialidad.
Notas
1-Esta experiencia lógica involucra conocimiento aprehendido, la experiencia científica y todos sus procedimientos.
1-Esta experiencia lógica involucra conocimiento aprehendido, la experiencia científica y todos sus procedimientos.