El proceso artístico lleva consigo una actitud, un elemento
voluntarioso que da accionar a otro proceso, un proceso material de ejecución
que transforma el impulso creativo del mundo mental en un elemento físico o
representable que se hace entendible mediante un lenguaje decodificable a otras
voluntades receptivas. Encontramos entonces varios elementos identificables en
el proceso artístico: la idea que da lugar a la ejecución material que
contiene un lenguaje entendible que es decodificado por una masa o
individuo receptivo. El centro de la actividad vital del artista radica
obviamente en el primer elemento, en el mundo de las ideas o voluntad. La
idea-voluntad es comúnmente propiciada por la inspiración, ese instante
en que razonamientos inconscientes y desconocidos por la parte consciente del
cerebro producen una idea con material mental previo. Pero existe otro método y
dicho método es el que produce arte artificial. Este método es el que podríamos
denominar no con cierta precisión como “arte racional” o “arte de lo racional”,
lo que en realidad es un pseudoarte. Lo observamos desde las partituras de
Meyerbeer o las de Mendelssohn hasta las obras de Mies van der Rohe o Le
Corbusier. Este es un pseudoarte pensado, no un arte inspirado. Es resultado de
la directa intención de apariencia de Arte y no de la genuina búsqueda de la
esencia sagrada de lo valorablemente comunicable.
Pero, exactamente, ¿Qué buscaban estos pseudoartistas?
Buscaban quebrar con lo existente, eliminar lo ilógicamente razonado
—entendiendo que “ilógicamente” tiene en realidad una significación diferente,
referida a lo “no comprendido por lo consciente o lógico”— por una racionalidad
técnica y de supuesto gusto popular o beneficio en masa. Este quiebre supuesto
viene dado por dos opciones que consisten básicamente en volver al pasado en
búsqueda de lo supuestamente nuevo o destruir y borrar por completo lo anterior
para generar una innovación total y sin precedentes. No por casualidad los
extremismos se tocan en una misma idea base. ¿Qué más conservador que someterse
por completo a lo técnico, a lo calculado matemáticamente con precisión
excesiva? Justamente, este exacerbado utilitarismo racional o en el caso de la
música, la perfección fría de un contrapunto totalmente estéril en la
comunicación de lo más profundo en el hombre hacen de éste un arte artificial,
con un lenguaje que siendo entendible no comunica nada y del que no se puede
sacar de él más que la fría cáscara de una manzana devorada totalmente por
gusanos.
Una puerta se usa para abrir y para cerrar un espacio. Se abre
para que seres humanos ingresen o egresen de dicho espacio. No parece una idea
complicada. Pero el humano es un ser psicológico, no un mecanismo autómata que
sale y entra de espacios. Una puerta es una puerta, y si fuésemos autómatas,
serían todas iguales y exactas. Un ser psicológico es un ser que a todo le
otorga un símbolo. Eso es el lenguaje, por ejemplo, con el que esta
decodificado este texto. Una puerta también es un símbolo. Y como símbolo
debería comunicar algo por pura necesidad psicológica del hombre que la
utiliza. Cuando se racionaliza todo, se pierde lo simbólico, se pierde lo
valioso, lo que el hombre necesita para su felicidad, entender y ser entendido.
Quien hace y diseña una puerta lo más simple posible para evitar costes,
mantenimiento y todo lo que sea cuantificable y utilitario hace una puerta para
seres no pensantes, o sea, para autómatas. Quien hace una puerta con contenido
simbólico no esta haciendo otra cosa más que Arte.
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