miércoles, 16 de octubre de 2013

Lo artificioso en el Arte

El proceso artístico lleva consigo una actitud, un elemento voluntarioso que da accionar a otro proceso, un proceso material de ejecución que transforma el impulso creativo del mundo mental en un elemento físico o representable que se hace entendible mediante un lenguaje decodificable a otras voluntades receptivas. Encontramos entonces varios elementos identificables en el proceso artístico: la idea que da lugar a la ejecución material que contiene un lenguaje entendible que es decodificado por una masa o individuo receptivo. El centro de la actividad vital del artista radica obviamente en el primer elemento, en el mundo de las ideas o voluntad. La idea-voluntad es comúnmente propiciada por la inspiración, ese instante en que razonamientos inconscientes y desconocidos por la parte consciente del cerebro producen una idea con material mental previo. Pero existe otro método y dicho método es el que produce arte artificial. Este método es el que podríamos denominar no con cierta precisión como “arte racional” o “arte de lo racional”, lo que en realidad es un pseudoarte. Lo observamos desde las partituras de Meyerbeer o las de Mendelssohn hasta las obras de Mies van der Rohe o Le Corbusier. Este es un pseudoarte pensado, no un arte inspirado. Es resultado de la directa intención de apariencia de Arte y no de la genuina búsqueda de la esencia sagrada de lo valorablemente comunicable. 

Pero, exactamente, ¿Qué buscaban estos pseudoartistas? Buscaban quebrar con lo existente, eliminar lo ilógicamente razonado —entendiendo que “ilógicamente” tiene en realidad una significación diferente, referida a lo “no comprendido por lo consciente o lógico”— por una racionalidad técnica y de supuesto gusto popular o beneficio en masa. Este quiebre supuesto viene dado por dos opciones que consisten básicamente en volver al pasado en búsqueda de lo supuestamente nuevo o destruir y borrar por completo lo anterior para generar una innovación total y sin precedentes. No por casualidad los extremismos se tocan en una misma idea base. ¿Qué más conservador que someterse por completo a lo técnico, a lo calculado matemáticamente con precisión excesiva? Justamente, este exacerbado utilitarismo racional o en el caso de la música, la perfección fría de un contrapunto totalmente estéril en la comunicación de lo más profundo en el hombre hacen de éste un arte artificial, con un lenguaje que siendo entendible no comunica nada y del que no se puede sacar de él más que la fría cáscara de una manzana devorada totalmente por gusanos.   

Una puerta se usa para abrir y para cerrar un espacio. Se abre para que seres humanos ingresen o egresen de dicho espacio. No parece una idea complicada. Pero el humano es un ser psicológico, no un mecanismo autómata que sale y entra de espacios. Una puerta es una puerta, y si fuésemos autómatas, serían todas iguales y exactas. Un ser psicológico es un ser que a todo le otorga un símbolo. Eso es el lenguaje, por ejemplo, con el que esta decodificado este texto. Una puerta también es un símbolo. Y como símbolo debería comunicar algo por pura necesidad psicológica del hombre que la utiliza. Cuando se racionaliza todo, se pierde lo simbólico, se pierde lo valioso, lo que el hombre necesita para su felicidad, entender y ser entendido. Quien hace y diseña una puerta lo más simple posible para evitar costes, mantenimiento y todo lo que sea cuantificable y utilitario hace una puerta para seres no pensantes, o sea, para autómatas. Quien hace una puerta con contenido simbólico no esta haciendo otra cosa más que Arte.