sábado, 4 de agosto de 2012

El Amor es Todo


No debe haber experiencia vital más fuerte que el comienzo y el proceso del período del enamoramiento. En esos días de intensidad exacerbada de todo, nos parecemos a pequeños insectos “pululadores” de una gran flor con precioso néctar. Ansiamos con extravagante intensidad ese jugo dulce que solo esa flor —y no otra— podrá proveernos para nuestra satisfacción. La cabeza está en un estado extraño; pensamientos raros se nos vienen a la misma, obsesivos casi hasta lo psicótico, pero ni el miedo a la locura espanta tales pensamientos. Físicamente, extraños procesos se suceden también. Sentimos de forma más precisa, fuerte, intensa, la circulación de la sangre, y el principal órgano del Sistema Circulatorio, el Corazón, también cambia su comportamiento, tras el influjo de copiosas combinaciones de sustancias químicas hormonales. Por esto, su asociación con tan extremo y placentero sentimiento es histórica. Pero nuestro extraño comportamiento no demora en manifestarse hacia el exterior: la concentración cae, de forma extrema, llegándose a dificultarse inclusive en una pequeña conversación. Todo tipo de actividad intelectual, se ve mermada como por una especie de sofocamiento mental o bloqueo, que impide el razonamiento. En nuestra mente solo se tejen extrañas elucubraciones de obsesiva forma. Nuestro nerviosismo también es evidente, se manifiesta de formas diversas según la persona, tal vez atrapándolo en algún vicio común, o generando un leve descenso del peso corporal, por el agitado vaivén en largas caminatas sin sentido. Levantarse y volverse sentar, pararse de nuevo, caminar, tomar el lápiz, soltarlo no sé dónde, ¡perderlo!, buscarlo, no encontrarlo y volverse a sentar, resignado. ¡Recordar! ¡Ahí está! Y pararse a buscarlo. Se nos viene de repente a la cabeza desde cuando éramos tan necios o si nuestro coeficiente intelectual está sufriendo un brusco descenso: ¿me habré golpeado la cabeza?; ¿será algo que consumí? ¿Alimentos en mal estado?. En fin, eso y mucho más. En el estómago y la zona toráxica, también se manifiestan sensaciones extrañas, principalmente si esa persona está cerca o se comunica con nosotros de alguna forma. Una especie de “hormigueo”, una sensación de incomodidad generalizada, y hasta cierta dificultad al respirar, impidiéndonos la normal inspiración.
Y después, en ese momento de íntima unión, la fusión de estas dos intensas formas, insecto y flor, destruyen toda tensión existente y se genera un lazo de inexplicable definición, y, al parecer, el momento de mayor éxtasis de nuestra existencia terrena tiene lugar. El Arte Todo se fundamenta en esto y podríamos decir con seguridad, que el Arte no sería nada, sin esto. 

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