Nuestra cultura actual se parece a una terrible pesadilla
realmente sofocante, de esas de las que uno se despierta totalmente sudoroso y
agitado, en un estado de profunda conmoción. En las filas de las tropas de la
vulgaridad se alistan hombres que dicen llamarse “artistas”, seres totalmente alienados del buen gusto y
comandados por la sola idea del provecho económico y la prostitución sifilítica
de las ideas más puras que el hombre alguna vez pudo haber imaginado. En sus
sucias y depravadas mentes, estos cultores de la mediocridad, representantes directos
de la pudrición fermentada de la Humanidad, logran con sus mediocres trabajos,
fama y fortuna en grandes proporciones gracias a la paralítica actividad
cerebral de la población toda, ese montón de insectos esclavizados amantes del
mal gusto. Cineastas, escritores, pintores, escultores, poetas, arquitectos,
todos son un conjunto de gusanos cavadores de galerías en la putrefacta carne
de la sociedad actual. Músicos que componen música para burdeles y orgías de
innombrable forma, pintores grotescos de un arte deformado por la droga que
inunda sus pequeños cerebros, arquitectos que edifican necedades en teorías tan
repugnantes que podrían generar perfectamente la risa en un pequeño como el
vómito en un ser con sentido común. Todos estos “artistas”, fariseos
crucificadores del Verdadero Arte, inmundicias que como excremento desbordado
inundan los pequeños ríos que grandes cloacas de la despreocupada urbe
expulsan, contaminándolos irreversiblemente, se autoproclaman genios, y en su
orgullo digno de Sacerdotes Todopoderosos conocedores de la única Ley, del
Dogma santificado, envenenan a las jóvenes mentes cual coliforme fecal en agua
no potable consumida sin cuidado.
Todo esto está mal. Lo sabemos. Intuimos como alumnos o como
individuos, cualesquiera nuestra posición, que todo esto es mediocre,
decadente, producto indeleble de una forma de vida totalmente impura,
representada por una minoría sectaria, los nobles del siglo XXI, con sus
apellidos tan extravagantes y su dinero tan abundante. Para ellos, somos ratas.
Somos huecos vacios viciados de de educación pueblerina. Escapados del bosque a
la urbe en busca del trozo de pan. Eso creen nuestros profesores. Son ellos.
Son los profesionales con alto rendimiento y elevada posición. Arquitectura
para prostitutas adineradas, para proxenetas millonarios, pederastas sin
remordimiento. Pintura para enfermos mentales. Música para escuchar en sesiones
de violencia criminal. Eso hacemos. Hacemos arquitectura para nada, y música para
nada. Ya no importa el método, el aprendizaje, el conocimiento. No hay Razones
para lo que hacemos, no hay fundamentos lógicos. Una fachada así, asimetría en
todo, cuadrados que no son cuadrados, escalones redondos, una pared lisa, en
blanco, una ventana deforme, puertas ilógicas, curvas colocadas ahí, un techo
que no es techo, vidrio por todos lados, solo por eso, porque es vidrio. ¡Pero
si Mies Van Der Rohe lo usó! ¡Por todos lados! El es un genio. Dijo: “Menos es más”
y debemos besarle el trasero por eso. Debemos dejarnos fornicar por su espíritu
para recibir el influjo de su prodigioso talento, y saber colocar el vidrio. “Menos
es mas” dijo él. Tenemos a Le Corbusier, también paredes lisas, el ornato es
desagradable, es trabajo de escultores, “terraza ajardinada”, vidrio y mas
vidrio, unas sillas de la Bauhaus que son tubos, una rampita aquí, y ya. Estos
son nuestros héroes. Ellos son genios. Expulsaron su excremento en nuestras
narices y son genios. Miraron el horizonte, y son genios. Fornicaron con
rameras peludas de los barrios bajos de París, y son genios.
El Arte murió. Ya no existe. La arquitectura, la pintura, la
escultura, la música y todo lo demás, pereció. La literatura solo será usada
para Historia y Ciencias. El ruido de un motor de un auto, eso, ya es música, ¿para
qué componer? Orinar y defecar en una tela será la pintura. Eso será el Arte.
Felicitaciones a la Humanidad. El Arte del Futuro, es el fin del Arte.
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