“No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos, debemos estar con ellos y amarlos como Dios nos los ha entregado”
Johann Wolfgang Von Goethe (1749-1832)
En nuestro pensamiento, la Educación es fundamental. Fuimos
educados para creer y saber que la Educación es mucho de lo que somos. Cuando
pensamos en Educación solo nos remitimos en nuestra memoria emotiva a nuestras
experiencias vitales en los Centros Educativos en que estuvimos, pero la
Educación en sí, es Toda la vida, cada segundo de nuestra existencia sobre la
Tierra nos hace ejercitarnos en nuestros conocimientos adquiridos y mediante la
prueba y error, ir refinándolos o sustituyéndolos por otros más eficaces. Se
revela así la naturaleza práctica del conocimiento y la Educación. De esta forma,
podemos reflexionar que la educación tiene un fin específico, un fin práctico
que consiste en la formación intelectual, moral y física de los seres de un
Estado para que posteriormente puedan desempeñarse con efectividad en una
futura función determinada.
Entonces, ¿en dónde queda lo de “formar mejores personas”
como tantas veces se oye? .Esa definición, primordialmente ética, es una
pintura que se hace de algo mucho más complejo. Como seres racionales que
somos, podemos buscar el significado de tal errada definición. Partiremos
primero del concepto ¿Qué es mejor? O mejor dicho ¿mejor para qué? Cuando se
habla de crear o de “hacernos” mejores personas, no se refiere ni más ni menos
que a generar individuos con una conciencia moral predefinida establecida en
solidas bases —además de conocimiento propiamente dicho—que permitan que el
orden actual y la relación armónica y equilibrada de los miembros de la nación no
se vea amenazada. Esto es, que nuestras libertades se limiten en pos del bien
general y que cada elemento de la sociedad cumpla y esté preparado
correctamente para desempeñar la labor que realiza o realizará en el futuro. Es
entonces que decimos que la Educación nos hace “mejores” seres—sociales—, o lo
que es lo mismo, mejores súbditos del Estado. El aparato estatal se nos
presenta como un poderoso engranaje sin el que, prácticamente seriamos nada,
casi simios. Y nos educamos durante largos años, no por nuestra felicidad, o
para que seamos mejores personas, sino que para mantener toda esta maquinaria
social en funcionamiento por una generación más. Podría decirse que la educación
es una poderosa vacuna contra una posible enfermedad peligrosa del Estado: el
caos. La vacuna no nos inmuniza contra la “incivilización”—en realidad—sino
contra “otros tipos de civilización”.
Nos vemos obligados a mantener el estado de cosas como están y aquí y allí se forman profesionales, arquitectos e
ingenieros mantienen y renuevan la infraestructura edilicia del Estado, médicos
y enfermeros mantienen a los individuos sanos para desempeñar con normalidad
dichas funciones, los burócratas se encargan de clasificar toda la información,
etc. Y otros individuos se encargan del poder, y otros, quedan relegados de los
niveles superiores de educación, por incapacidad o por falta de acceso y se
desempeñan en tareas más “físicas” como la albañilería o la construcción, o
cargos menores, y el ejército y la infantería de policía. Entonces, la
educación y el grado que de ella tengamos nosotros, nos estratifica en grupos
con funciones determinadas, nivel de vida determinado y relacionamiento social
determinado.
En este estado de cosas, se nos revela cuan sombría y
calculada que es la realidad. Nuestra educación no es más que conocimiento—básicamente—moral,
ético y científico que hace que desempeñemos nuestras funciones de forma
eficiente, y pertenezcamos al enorme aparato de la sociedad y del estado, cual
hormiga a un gran hormiguero. Y como la hormiga, ciegos, seguimos el rastro de la
feromona y cumplimos caprichosamente con nuestro deber diario.
La educación nos
muestra que los que no respetan su omnipotencia, serán relegados al plano de
rechazados totalmente por la sociedad, como seres sifilíticos que han perdido
toda dignidad. Los delincuentes, que por haber quebrado la sagrada ley de la
propiedad privada—inculcada en nuestra educación moral—son encerrados y
degradados, no porque tal individuo—el afectado—haya sido perjudicado, sino
como muestra de que el que viole esta ley tan vital para el aparato estatal
equilibrado, será duramente penado moral y físicamente, al privárseles de libertad.
Otros delitos, los sexuales especialmente, son vistos como repugnantes y
totalmente desagradables, porque afectan a la sociedad en su regla biológica más
esencial: el instinto de conservación de la Especie y la Selección Sexual, o sea,
la reproducción, vital para mantener a la sociedad viva y saludable.
La Educación no es más que la intención que tiene los Estados
de generar individuos consientes de la vital importancia que tiene el “Sistema
Estatal” como tal. Cuando me refiero a
estos “Sistemas” no hablo de gobiernos democráticos o totalitarios, monarquías absolutistas
o parlamentarias, hablo de Gobernantes-Gobernados; esto es, la clase dirigente
(empresarios, burgueses, clase política) y el proletariado “electoral”
(ciudadanos profesionales y no profesionales, o sea obreros y demás, como los
estudiantes mismos).Ese es el “Sistema”
que la Educación manda con definida voluntad —en definitiva—a mantener. Mas
allá de las Constituciones, Estados diversos, formas de gobierno, guerras y
disoluciones territoriales, esta relación Gobernantes-Gobernados siempre fue
sagrada y la Educación fue y es la “instrucción” que nos indicaba—con nuestro
aporte—como mantenerla sana y salva.
Y las revoluciones, son periodos temporales que cambian una
forma por otra, un esquema por otro, pero que en definitiva, no alteran este
sagrado orden estructural. La Educación es respeto al dogma de la estructura de
poder, del sistema de poder. Y nadie se rebela contra esa Educación. Y si lo
hace, es anulado por el resto de la población ante tan grave actitud. En el
estado actual de las cosas, peligra la conservación de su vida el que quiebre
tal regla de la Sociedad. Y podemos decir que la Educación, así como un medio inmunológico
que desarrollo este gigantesco ser vivo que es la Sociedad, es efectiva en un altísimo
porcentaje. Hace cinco mil años que esta básica estructura de poder se mantiene
en la humanidad y a pesar de los cambios de la especificación y evolución de la
Educación en sí, de la especificación y tecnificación de las tareas que
desempeñan los individuos en todos los Estados que existen y existieron, esta
estructura de que unos gobiernan y otros son gobernados se mantiene viva y
llameante.
Se ha dicho entonces que la Educación es un elemento que la
sociedad toda—así como un organismo vivo—ha desarrollado para mantener un sistema o estructura de poder que la
mantiene, por decirlo así, viva. Y se ha autoconvencido que otras formas,
serian catastróficas. Queda por reflexionar en un punto de vital importancia
que ya antes, en este texto, sólo mencioné: si la Educación no nos inmuniza
contra la “incivilización”, entonces ¿podrían existir “otros tipos de
civilización” que la Educación actual no se imagina o no plantea?, ¿puede
sustituirse este legendario sistema de poder de gobernantes-gobernados por
otro, tal vez mejor?, ¿existió en la Humanidad o en la naturaleza otra forma a
modo de ejemplo? Ciertamente que podrían existir otros tipos de sistemas no
jerárquicos. Si se puede o no se puede sustituir en nuestro actual estado de
cosas, yo me inclino por la negativa, porque el actual sistema esta tan
arraigado con la idea del Bien y el temor al cambio es tan grande que veo
nulamente probable que tan extremo cambio sea ejecutable. La humanidad en la
época de las grandes migraciones donde se comportaba de forma totalmente
nómada, y el hombre era cazador-recolector, carecía de este sistema de poder
antes descripto. Pequeñas unidades de pocos individuos, tal vez familias, se
movían de un lugar a otro y la educación de la prole era encargada por la misma
familia, tal vez el padre, y consistía en una primitiva instrucción sobre caza
y otras cuestiones. Las instituciones educativas no existían ni siquiera en
forma primitiva. Con la formación de los primeros Estados de la Historia, —sedentarios
y dedicados al cultivo—fue necesario establecer un régimen de educación organizada
para refinar y aprender las técnicas de cultivo y mantener el engranaje social
en total funcionamiento.
Este sistema actual, tal vez no sea mejor que ciertos
sistemas políticos que se observan en la naturaleza, como en el que se manejan
cierto tipo hormigas y termitas que forman grandes supercolonias federales de
cientos de kilómetros, en la que ninguna colonia integrante tiene poder por
sobre la otra, y funcionan como la más perfecta federación que podamos imaginar.
Nosotros podríamos aplicar este interesante sistema, a una escala del Estado
propio, formando una especie de “Federación socialista” que sustituya la
formula gobernante-gobernados, en donde cada individuo o familia representaría una
colonia, y la sociedad toda correspondería a la supercolonia. Se formaría de
esta forma un “federalismo individual” donde la cooperación y aporte a la
sociedad sea equitativa de forma sorprendentemente precisa. Pero veo poco
probable esta aplicación a la sociedad toda, y el sistema actual tiene larga
vida por delante y tendremos que acostumbrarnos a la desigualdad más brutal en
pos de mantener el sagrado sistema.
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