sábado, 7 de julio de 2012

LA EDUCACIÓN


“No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos, debemos estar con ellos y amarlos como Dios nos los ha entregado”
                                                                   Johann  Wolfgang  Von Goethe (1749-1832)

En nuestro pensamiento, la Educación es fundamental. Fuimos educados para creer y saber que la Educación es mucho de lo que somos. Cuando pensamos en Educación solo nos remitimos en nuestra memoria emotiva a nuestras experiencias vitales en los Centros Educativos en que estuvimos, pero la Educación en sí, es Toda la vida, cada segundo de nuestra existencia sobre la Tierra nos hace ejercitarnos en nuestros conocimientos adquiridos y mediante la prueba y error, ir refinándolos o sustituyéndolos por otros más eficaces. Se revela así la naturaleza práctica del conocimiento y la Educación. De esta forma, podemos reflexionar que la educación tiene un fin específico, un fin práctico que consiste en la formación intelectual, moral y física de los seres de un Estado para que posteriormente puedan desempeñarse con efectividad en una futura función determinada.
Entonces, ¿en dónde queda lo de “formar mejores personas” como tantas veces se oye? .Esa definición, primordialmente ética, es una pintura que se hace de algo mucho más complejo. Como seres racionales que somos, podemos buscar el significado de tal errada definición. Partiremos primero del concepto ¿Qué es mejor? O mejor dicho ¿mejor para qué? Cuando se habla de crear o de “hacernos” mejores personas, no se refiere ni más ni menos que a generar individuos con una conciencia moral predefinida establecida en solidas bases —además de conocimiento propiamente dicho—que permitan que el orden actual y la relación armónica y equilibrada de los miembros de la nación no se vea amenazada. Esto es, que nuestras libertades se limiten en pos del bien general y que cada elemento de la sociedad cumpla y esté preparado correctamente para desempeñar la labor que realiza o realizará en el futuro. Es entonces que decimos que la Educación nos hace “mejores” seres—sociales—, o lo que es lo mismo, mejores súbditos del Estado. El aparato estatal se nos presenta como un poderoso engranaje sin el que, prácticamente seriamos nada, casi simios. Y nos educamos durante largos años, no por nuestra felicidad, o para que seamos mejores personas, sino que para mantener toda esta maquinaria social en funcionamiento por una generación más. Podría decirse que la educación es una poderosa vacuna contra una posible enfermedad peligrosa del Estado: el caos. La vacuna no nos inmuniza contra la “incivilización”—en realidad—sino contra “otros tipos de civilización”.
Nos vemos obligados a mantener el estado de cosas como están y aquí y allí se forman profesionales, arquitectos e ingenieros mantienen y renuevan la infraestructura edilicia del Estado, médicos y enfermeros mantienen a los individuos sanos para desempeñar con normalidad dichas funciones, los burócratas se encargan de clasificar toda la información, etc. Y otros individuos se encargan del poder, y otros, quedan relegados de los niveles superiores de educación, por incapacidad o por falta de acceso y se desempeñan en tareas más “físicas” como la albañilería o la construcción, o cargos menores, y el ejército y la infantería de policía. Entonces, la educación y el grado que de ella tengamos nosotros, nos estratifica en grupos con funciones determinadas, nivel de vida determinado y relacionamiento social determinado.
En este estado de cosas, se nos revela cuan sombría y calculada que es la realidad. Nuestra educación no es más que conocimiento—básicamente—moral, ético y científico que hace que desempeñemos nuestras funciones de forma eficiente, y pertenezcamos al enorme aparato de la sociedad y del estado, cual hormiga a un gran hormiguero. Y como la hormiga, ciegos, seguimos el rastro de la feromona y cumplimos caprichosamente con nuestro deber diario.
 La educación nos muestra que los que no respetan su omnipotencia, serán relegados al plano de rechazados totalmente por la sociedad, como seres sifilíticos que han perdido toda dignidad. Los delincuentes, que por haber quebrado la sagrada ley de la propiedad privada—inculcada en nuestra educación moral—son encerrados y degradados, no porque tal individuo—el afectado—haya sido perjudicado, sino como muestra de que el que viole esta ley tan vital para el aparato estatal equilibrado, será duramente penado moral y físicamente, al privárseles de libertad. Otros delitos, los sexuales especialmente, son vistos como repugnantes y totalmente desagradables, porque afectan a la sociedad en su regla biológica más esencial: el instinto de conservación de la Especie y la Selección Sexual, o sea, la reproducción, vital para mantener a la sociedad viva y saludable.
La Educación no es más que la intención que tiene los Estados de generar individuos consientes de la vital importancia que tiene el “Sistema Estatal” como tal. Cuando  me refiero a estos “Sistemas” no hablo de gobiernos democráticos o totalitarios, monarquías absolutistas o parlamentarias, hablo de Gobernantes-Gobernados; esto es, la clase dirigente (empresarios, burgueses, clase política) y el proletariado “electoral” (ciudadanos profesionales y no profesionales, o sea obreros y demás, como los estudiantes mismos).Ese es el “Sistema”  que la Educación manda con definida voluntad —en definitiva—a mantener. Mas allá de las Constituciones, Estados diversos, formas de gobierno, guerras y disoluciones territoriales, esta relación Gobernantes-Gobernados siempre fue sagrada y la Educación fue y es la “instrucción” que nos indicaba—con nuestro aporte—como mantenerla sana y salva.
Y las revoluciones, son periodos temporales que cambian una forma por otra, un esquema por otro, pero que en definitiva, no alteran este sagrado orden estructural. La Educación es respeto al dogma de la estructura de poder, del sistema de poder. Y nadie se rebela contra esa Educación. Y si lo hace, es anulado por el resto de la población ante tan grave actitud. En el estado actual de las cosas, peligra la conservación de su vida el que quiebre tal regla de la Sociedad. Y podemos decir que la Educación, así como un medio inmunológico que desarrollo este gigantesco ser vivo que es la Sociedad, es efectiva en un altísimo porcentaje. Hace cinco mil años que esta básica estructura de poder se mantiene en la humanidad y a pesar de los cambios de la especificación y evolución de la Educación en sí, de la especificación y tecnificación de las tareas que desempeñan los individuos en todos los Estados que existen y existieron, esta estructura de que unos gobiernan y otros son gobernados se mantiene viva y llameante.
Se ha dicho entonces que la Educación es un elemento que la sociedad toda—así como un organismo vivo—ha desarrollado para mantener  un sistema o estructura de poder que la mantiene, por decirlo así, viva. Y se ha autoconvencido que otras formas, serian catastróficas. Queda por reflexionar en un punto de vital importancia que ya antes, en este texto, sólo mencioné: si la Educación no nos inmuniza contra la “incivilización”, entonces ¿podrían existir “otros tipos de civilización” que la Educación actual no se imagina o no plantea?, ¿puede sustituirse este legendario sistema de poder de gobernantes-gobernados por otro, tal vez mejor?, ¿existió en la Humanidad o en la naturaleza otra forma a modo de ejemplo? Ciertamente que podrían existir otros tipos de sistemas no jerárquicos. Si se puede o no se puede sustituir en nuestro actual estado de cosas, yo me inclino por la negativa, porque el actual sistema esta tan arraigado con la idea del Bien y el temor al cambio es tan grande que veo nulamente probable que tan extremo cambio sea ejecutable. La humanidad en la época de las grandes migraciones donde se comportaba de forma totalmente nómada, y el hombre era cazador-recolector, carecía de este sistema de poder antes descripto. Pequeñas unidades de pocos individuos, tal vez familias, se movían de un lugar a otro y la educación de la prole era encargada por la misma familia, tal vez el padre, y consistía en una primitiva instrucción sobre caza y otras cuestiones. Las instituciones educativas no existían ni siquiera en forma primitiva. Con la formación de los primeros Estados de la Historia, —sedentarios y dedicados al cultivo—fue necesario establecer un régimen de educación organizada para refinar y aprender las técnicas de cultivo y mantener el engranaje social en total funcionamiento.
Este sistema actual, tal vez no sea mejor que ciertos sistemas políticos que se observan en la naturaleza, como en el que se manejan cierto tipo hormigas y termitas que forman grandes supercolonias federales de cientos de kilómetros, en la que ninguna colonia integrante tiene poder por sobre la otra, y funcionan como la más perfecta federación que podamos imaginar. Nosotros podríamos aplicar este interesante sistema, a una escala del Estado propio, formando una especie de “Federación socialista” que sustituya la formula gobernante-gobernados, en donde cada individuo o familia representaría una colonia, y la sociedad toda correspondería a la supercolonia. Se formaría de esta forma un “federalismo individual” donde la cooperación y aporte a la sociedad sea equitativa de forma sorprendentemente precisa. Pero veo poco probable esta aplicación a la sociedad toda, y el sistema actual tiene larga vida por delante y tendremos que acostumbrarnos a la desigualdad más brutal en pos de mantener el sagrado sistema.

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