En la actualidad, vemos por todos lados películas, libros,
documentales e inagotables fuentes de información sobre las Sociedades
Secretas, sus ritos y sus supuestas influencias en el Mundo, además de su
—supuesto, también— poder y dominio global, en lo político y en lo económico.
Así, aparecen varios nombres como la Francmasonería, los
Iluminati de Baviera, Rosacruces, etc. Y otras antiguas órdenes como los
Templarios. A todos ellos se les culpa de ejecutar, en secreto, planes para cumplir
con sus fines, también secretos, y de intentar conseguir el dominio del Mundo,
o de, directamente, ya poseerlo. Aparentemente, según estas teorías conspiracionistas,
estas sociedades—con grandes personajes de la Historia en la lista de sus
miembros— han colocado su misteriosa simbología enfrente de todos, ya sea en el
diseño de las ciudades, edificios de importancia, en la simbología de los
Estados, banderas, escudos y en la moneda oficial.
Surge entonces la pregunta de qué ¿si estas sociedades son
tan secretas y su poder tan omnipresente, como permitieron que supiéramos todo
esto?; ¿Cómo podemos conocer la lista de sus miembros, sus símbolos y sus obscuros
objetivos? ¿Acaso no podían mantenerse en las sombras, fuera del peligro del
repudio popular?
Estas preguntas pueden traer varias posibles respuestas.
Primero, podría ser realmente una táctica el dejarse conocer y descubrir en
cierta forma sus planes, ya que esto generaría desconfianza y temor, mostrando
aún más la inmutabilidad de su poder, por ser tan visible y a la vez poco
conocido. Podríamos decir que el carácter semi-conocido de la sociedad secreta en cuestión la hace
reconocible pero inidentificable, perdiendo el punto de referencia —de hacia
quien hay que dirigir la lucha— los enemigos de dichos grupos. Surge también el
problema del número, ya que son varias sociedades las supuestas que poseen el
cetro del Mundo. O esto es cierto y una sola posee el poder total, y las demás
son “secundarias”, o todas son parte de una gran logia universal que detenta el
poder pero que ha dividido su unitaria estructura en varias partes, generando
así mayor confusión. O en realidad son grupos separados y en un real estado de
contradicción, pero ninguna posee el poder que se dice, y solo aspiran a eso, o
a cualquier otra cosa.
Tal vez, todo esto sea en realidad el plan en sí y todas
nuestras desconfianzas no son más que disuasiones hacia el verdadero enemigo.
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